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El éxito del fracaso

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Silvia Lobato

Silvia Lobato

Directora de Consultoría y Proyectos en Grupo Método

Ni todos los fracasos son iguales ni todos los grupos humanos aceptan y gestionan igual las consecuencias de los proyectos fallidos y las expectativas truncadas.

Sin duda habrá lectores que sientan gran curiosidad, incluso algo de morbo, por la posibilidad de que publiquemos nuestro último fracaso. Habrá lectores disgustados por la elección de la temática y lo considerarán, con mayor o menor gravedad, simplemente un fracaso en la elección del tema por parte de la autora.

Sin embargo creo que llegó la hora de pulir las cortantes aristas que definen los límites del fracaso e invocar a las brujas para alejar el miedo atávico de nuestra cultura a fracasar.

Todos los profesionales que trabajamos en el ámbito de la consultoría de proyectos y en licitaciones sabemos que jugamos con la probabilidad. La probabilidad favorable o de aceptación siempre es muy inferior a la probabilidad de fracasar, sobre todo cuando concurres en procesos ambiciosos y trascendentes; ciertamente somos profesionales de la gestión del fracaso.

En estos años de carrera profesional, fracasando, hemos aprendido a medir las probabilidades ciertas, a manejar la incertidumbre con un optimismo raso y a trabajar el doble para fracasar la mitad. También hemos aprendido a valorizar el fracaso, extrayendo las conclusiones precisas y asumiendo las críticas adecuadas.

El fracaso nos ha enseñado que lo que está en juego no es el profesional, ni el equipo, ni la empresa, sino el proyecto o la candidatura concreta. El fracaso nos ha dicho qué mejorar y cómo hacerlo. El fracaso nos ha hecho más fuertes, más objetivos, más profesionales, más valientes. El fracaso nos ha solidarizado con otros equipos, nos ha puesto enfrente de todos aquellos que como nosotros apuestan para ganar, pero aceptan la derrota.

El fracaso es el precio que debemos pagar para alcanzar nuestros objetivos y, ningún profesional ni ningún equipo, que no esté dispuesto a fracasar podrá alcanzar el éxito, es por ello que debemos asumir este presupuesto con toda naturalidad y gestionar el fracaso con el mismo ahínco con el que premiamos el éxito.

Debemos aprender y asumir que sólo en entornos de tolerancia al fracaso puede darse la innovación, por ello quien busque avanzar debe fracasar.

El fracaso nos ha llevado al éxito y por ello hoy el elogio del fracaso.

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4 Comentarios

  1. jose ramon galvan
    22 septiembre, 2015 en 23:00 — Responder

    Yo diría que hay dos tipos de fracasos

    1-. El fracaso del que aprendes ( y ya no es tal sino una lección aprendida de algo que no debes hacer), y esto es muy bien valorado en la cultura anglosajona

    2-. El fracaso del fracasado ( permítanme, esta denominación, algo redundante) que es cuando de un “fracaso” no aprendes el por que y sacas una experiencia enriquecedora. Que entonces es un fracaso rotundo y un fracasado para un futuro.

     

    Es una reflexión que será mas o menos compartida,

     

    Gracias,

    • Silvana Martínez
      23 septiembre, 2015 en 00:42 — Responder

      Me gustó mucho !!!

      Es una mirada muy distinta y constructiva !!!

      Gracias

      • Martha
        25 septiembre, 2015 en 21:12 — Responder

        Totalmente de acuerdo, si todos supiésemos aprender de nuestros errores y tomar una actitud positiva y constructiva, tendríamos otra visión y no como por lo usual hacemos sentirnos mal y derrotarnos.

        • Alejandro Acosta San Martín.
          4 noviembre, 2015 en 14:47 — Responder

          El fracaso es el inicio de un proyecto de mejora.

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