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¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando aprendemos?

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Pilar Pallín

Pilar Pallín

Subdirectora de formación en Grupo Método

Qué pasa en nuestro cerebro cuando aprendemosAprender es un proceso innato del ser humano, se adquiere una información determinada y se almacena a la espera de ser utilizada cuando sea necesario. El cerebro es el sistema estructural y funcional encargado de recibir esa información, integrarla y crear respuestas adaptativas en función de ella. Proporcionalmente, nuestro cerebro sólo representa entre un 0,8% y un 2% de nuestro peso, sin embargo, su complejo “enjambre neuronal”, alberga nuestras cogniciones, emociones, memoria, sueño y regula nuestras funciones sensoriales y motoras. Fascinante, ¿no?

Gracias a las estructuras neuronales y a una serie de procesos químicos y eléctricos se produce el aprendizaje, pero, a su vez, el aprendizaje también cambia las estructuras neuronales del cerebro, en una especie de bucle permanente.

La neurociencia moderna ha puesto sobre la mesa la enorme plasticidad del cerebro. Se ha demostrado, al contrario de lo que se creía tradicionalmente, que el cerebro adulto también es maleable y que la práctica de determinadas habilidades/aprendizajes modifica la estructura cerebral dando lugar a nuevas conexiones sinápticas, al refuerzo de las ya existentes o a la desconexión de las que no se utilizan (si, el cerebro suprime o reorganiza aquello que no utiliza); si bien es cierto, que el “modus operandi” varía en cada etapa vital.

Esta “reestructuración” no se produce de igual modo en cada etapa evolutiva; por ello, resulta vital conocer y comprender estos procesos para facilitar el aprendizaje en personas adultas. Sin embargo, frecuentemente, los profesionales del ámbito educativo se distancian de la comprensión de los procesos que subyacen al funcionamiento cerebral y no tienen en consideración su repercusión en el aprendizaje. Generalmente no se cuestionan por qué unos aprendizajes son más efectivos que otros, ni si nuestros estados emocionales afectan al aprendizaje.

Por fortuna, recientes estudios e investigaciones están dando lugar a una creciente disciplina en la que convergen conocimientos de psicología, neurociencia y pedagogía, la neuroeducación, que intenta aprovechar los conocimientos sobre el cerebro humano para enseñar y aprender mejor.

Veamos algunos principios basados en el funcionamiento del cerebro, que resultan útiles y fácilmente aplicables en el ámbito de la formación:

  • Las emociones importan: Estudios recientes han demostrado que los procesos emocionales son inseparables de los cognitivos. Contextos emocionales positivos facilitan el aprendizaje y la memoria, mediante la activación del hipocampo; por el contrario, estímulos negativos activan la amígdala, dificultándolo. Esto sugiere la necesidad de generar climas emocionales positivos en el aula que favorezcan el aprendizaje y en los que se asuma el error de forma natural y se proporcionen retos adecuados.
  • La atención es limitada: La forma más directa de captar la atención es la novedad; la curiosidad activa los circuitos emocionales del cerebro que nos permiten estar atentos, facilitando así el aprendizaje. En la práctica docente se pueden plantear preguntas abiertas, retos, tareas activas…. Asimismo, si la atención no se puede mantener, resulta adecuado dividir la clase en diferentes bloques para optimizarla.

El bloque inicial es crucial desde la perspectiva atencional, por lo que se debería dedicar a analizar las cuestiones más importantes. Posteriormente, podríamos destinar otro bloque a debatir y reflexionar sobre lo anterior o a realizar tareas, fomentando el trabajo en grupo. Y, en el final, es conveniente realizar alguna actividad (resumen, mapa conceptual , debate… ) que permita analizar y reflexionar sobre lo que se ha trabajado durante la clase.

  • No existe aprendizaje sin memoria: Aprendemos cuando consolidamos lo adquirido en nuestra memoria; esto es, cuando se produce la transición de la información del “almacén” de la memoria a corto plazo al “almacén” de la memoria a largo plazo. Es mediante la adquisición de automatismos como memorizamos, pero ello requiere tiempo y práctica. El docente ha de facilitar esta consolidación mediante la práctica continua. El problema reside en que, muchas veces, la práctica intensiva puede resultar aburrida por lo que resulta aconsejable espaciarla en el tiempo (currículo espiral) y combinarla con otras actividades.

¿Os ha gustado el post? ¿Queréis conocer un poco más sobre neuroeducación? Aquí os dejo unas recomendaciones:

  • Ponencia: Neurociencia y educación de Dr. PhD Tomás Ortiz
  • Interesante blog de neurociencia aplicada a la educación: Escuela con cerebro

Para conocer un poco más sobre nuestro cerebro y su plasticidad:

  • Documental: La vida secreta del cerebro

A pesar de la edad o los accidentes nuestro cerebro puede seguir aprendiendo y tejiendo nuevas estructuras neuronales.

En este capítulo de Redes el neurocientífico Sebastian Seung explica los detalles de su investigación sobre el conectoma humano.

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